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Algunas reflexiones sobre la enseñanza

Escrito por Ademir / 28 de julio de 2009

La educación no se agota en las instancias escolares, puesto que si bien la instrucción académica es parte integral de la espiritualidad de un individuo, de esa misma manera lo es también la formación moral que recibe en el hogar, en el seno de las familias. Se ha hablado mucho del agotamiento de esta ultima estructura social como elemento cohesionador en las civilizaciones contemporáneas, más sin embargo, el hecho mismo de que pueda ponerse a discusión, alude directamente a la libertad de pensamiento que posibilita su injerencia en el crecimiento de las personas. Sigamos discutiendo brevemente planteamientos similares acerca de la educación.

La educación dura toda la vida

La educación dura toda la vida

Antonio Machado, el genial poeta español, escribió alguna vez que el buen maestro, es aquel que nos enseña precisamente aquello que se debería ignorar durante el entero existir: que debemos desconfiar de nosotros mismos. Machado merced a su arte supo sondear las regiones más profundas del alma, y paradójicamente cuando nos pide desconfiar de la propia persona, nos aproxima más a la confianza en el otro. El reconocimiento de la otredad, de la posibilidad de la diferencia, del derecho a ser diverso, es más valioso que cualquier conocimiento. Así en la escuela y fuera de ella.

Aprender a escapar

El literato Guillermo Laim Etcheverry refiere en su libro “La tragedia educativa”, que las personas hoy en día tienen la cabeza rebosante de opiniones y pareceres; por lo tanto, su criterio esta forjado por perspectivas ajenas, no propias. Como consecuencia, todo este alud de juicios lo aleja, y no lo acerca, al verdadero conocimiento. Laim es certero en este diagnóstico, puesto que la existencia está compuesta de abstracciones, que se despliegan de la inmediatez vital que genera el mundo. La educación, la escuela no hace sino retornarnos a ese momento inefables en la que se da la vivencia de un ser. Las opiniones de los demás, por lo tanto, no son más que cortinas, densas e inoportunas, cuando lo que deseamos es que pase un poco de luz al entendimiento.

Aprender a ser

En una notable enunciación, Olivier Reboul, en su “Filosofía de la educación”, refiere que educar no quiere decir forjar individuos de acuerdo a un patrón preestablecido, sino fomentar en cada humano una liberación de aquello que le lastra el ser, para poder desplegar así, toda su intensidad de vida. De tal suerte que Reboul concibe a la educación como una catarsis, una purificación de lo que nos impide desplegarnos en la inagotable pluralidad del alma, orientada a lo eterno.

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