Es preciso meditar acerca de los fenómenos educativos para comprender sus verdaderas limitaciones y sus posibles alcances. Y para ello nada mejor que acudir a las fuentes directas de los conceptos pedagógicos. Más que solo asimilar unilateralmente las perspectivas y pareceres que las grandes voces de la cultura nos comparten, se debe efectuar en la medida de lo posible, un diálogo profundo con estas ideas, para medir su provecho y recuperar su esencia reformadora.

La educación es eso de lo que todos hablan, pero pocos saben lo que dicen
El fin de la educación
Según Mark Twain, además de famoso literato estadounidense, ingenio lúcido y agudo, el propósito primordial de la educación habría de ser, fomentar personas capaces de gobernarse a sí, y no el de permanecer gobernadas por otros. Pero habiendo la posthistoria superado las gran visión de Twain, hay cabe preguntarse si no es preciso ir más allá y cuestionar la noción misma de gobierno- es decir, “sujeción”-, para propiciar nuevas maneras de relación con el entorno de lo real- inéditas pedagogías- que comuniquen a todos más que controlen a uno mismo.
La salvación de saber
De acuerdo a una consideración anónima, la meta de los afanes educativos no habría de estar focalizada en adiestrar a la población para ganarse en pan de cada día, sino, más bien, en aprender de hacer de cada humilde bocado el más delicioso manjar. Si bien cuestionable por su talante perceptiblemente reaccionario, este pensamiento encierra una certeza vivencial indubitable: la mejor escuela es la de lo real, que no simplemente enseña, sino que con-forma: el mundo es un conglomerado de perspectivas, es preciso seleccionar las que nos resulten más provechosas para el existir.
Educar y sentir
Para el escritor británico David Herbert Lawrence, las instituciones educativas inculcan en los seres humanos un conjunto de emociones ya pre-meditadas, que se refieren no sólo a aquello que está vedado sentir, sino además a la intensidad que debemos manejar con respecto a las escasas emociones que son permitidas.
Es recomendable por lo tanto, de acuerdo al sentido de Lawrence, mantener un núcleo de vitalidad silvestre en lo más profundo del alma, lejos de todo proceso de formación personal, porque esa fuerza será la que pro-mueva el sentido de la instrucción recibida. De nada sirve apre(he)nder el mundo, si se nos va de las manos el anhelo de vivirlo.
Tags: Cultura, Educación, Filosofía
No hay comentarios
Aún no hay comentarios. ¿Quieres dejar un comentario?