Gran parte de los problemas por los que atraviesan los programas educativos de nuestro tiempo, estriba en la exagerada prolijidad con la que se abordan los diferentes temas con los cuales se pretende proporcionar a los jóvenes una concisa visión de la realidad. El educando se confunde en esa minuciosidad lastrante, en esa complicación inesperada. El deseo de aprender se difumina ante algo que, para ser comprendido en su totalidad, el mundo; solo precisa valorarse en lo que lo torna irrepetible, la vida. Veamos a continuación como las reflexiones más breves son las que más nos ayudan a pensar mejor.

Educar bien es un arte
Según Ángel Jordán Goñi, un connotado físico hispano, en la educación de los infantes, es preferible decir que no en voz queda, que expresar un sí a gritos. Toda pedagogía se manifiesta a través de diferentes estructuras de sentido, que los niños pueden leer y comprender. Apoyarlos a escuchar, y percibir los mensajes y códigos de expresión que habitualmente determinan la dinámica del mundo, es vital para su formación. Expresarse como se debe, es decir más.
Perdonar y aprender
Escribió Quintillano que, la suave educación que denominamos indulgencia, acaba con todo el vigor del alma y del cuerpo. Sin embargo, disentir también es una cara sabiduría, que es preciso practicar de vez en vez. Y en esta ocasión valdría la pena considerarla como alternativa.
Porque si bien el antiguo romano Quintillano tal vez busca expresarnos que un espíritu en la molicie, desaprovecha lo mejor de su potencial de trascendencia; el ser indulgente con los demás, podría ser incluso una mejor vía- sin duda más noble- para superarnos, aun a pesar del parecer de este célebre escritor del pasado.
La delicada línea del saber
El gran escritor de ciencia ficción, H. G. Wells opinaba que la civilización podía ser vislumbrada como una contienda entre la educación y la barbarie. Y por supuesto que mucho sentido tiene este diagnóstico, emitido por una mente tan lúcida. Sólo basta entonces ponderar como la contradicción es uno de los motores del fenómeno humano. Es preciso aprender, hacerse de lo que vale la pena intelectualmente, para liberarlo luego en la práctica, enseñando como realizar un mundo mejor. Tal es la perenne dialéctica de nuestro ser.
Tags: Cultura, Educación, Fliosofía, Literatura
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