A diferencia de la enseñanza convencional fundamentada en la lógica, es decir, en una estrategia de pensamiento, y no una forma de ser inherente a la realidad, pueden pensarse formas didácticas menos constreñidoras, abocadas precisamente a tratar de establecer su objetivo en todas esas maneras de percepción del mundo, que dejan de lado la deducción y la mentalidad causal. Una opción pedagógica cercana a esta visión y que no debe pasarse por alto, es el de la mitología. Se trata en esencia, de un discurso de alto poder intuitivo que recupera grandemente el lado siniestro del vivir, es decir, el que más enseñanzas nos deja.

La razón es la que nos lleva por los caminos de la enseñanza
Indagación al límite
Así, de igual manera, los profesores, los investigadores y los propios escolares llevan a cabo un trabajo ofrendado al porvenir de sus comunidades, e incluso del mundo entero, dándole forma a la mentalidad de los futuros líderes, aquellos que tendrán en sus manos los derroteros de las sociedades. Y lo hacen a sabiendas de que su labor, rara vez será ponderada como se merece. Sin embargo, como Edipo, eso resulta accesorio y en última instancia la memoria de su caída y no su heroicidad moral es la que sirve para cimentar a toda la cultura de Occidente.
La razón como principio y fin
Así pues la mitología nos ofrece lecturas acerca de la educación y la formación cívica que las teorías convencionales rara vez proponen. En ellas lo instaurado, lo sistemático, lo registrado en los anales de la historia, visión de vencedores, es lo que vale la pena utilizar para la formación de los escolares. Y sin embargo, se olvidan de las sombras de la cultura, aquello que por no confesado no deja de estar aludido por la visión de los vencidos, esa forjada de sueños, pesadillas al modo de Goya.
La mitología nos enseña los mismo acerca de la realidad pero referido de otra manera: es una herramienta didáctica que explora sentidos para forjar criterios, abiertos a golpe de martillo, cual herramienta nietzscheana de lucidez: practicando vías para la genialidad y el delirio, justo al inicio y al final de la razón. Eso también es saber.
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