Una muestra del elevado valor pedagógico de la pintura nos lo puede proporcionar una breve revisión de dos obras comparadas, la primera es de H. M. Sorgh , “El tañedor de laúd” y la segunda es “Interior Holandés 1” del genial pintor español Joan Miró. La composición de Sorgh, elaborada en 1661, nos comunica un cierto conjunto de datos acerca del modo de vida cotidiano de las personas de aquella época, de su realidad fáctica y sus formas particulares de vida, de su singular idiosincrasia: esto es utilizable para ejemplificar e instruir a los alumnos en temas para determinadas materias, proporcionándoles un soporte ameno, estético, para sobrellevar la aridez de algunos datos y registros que han de tratar en sus clases. Y que a la vez les sirva de pauta y referencia temática para asimilar la información y así sacarle más provecho a la lección tomada en el aula.
Hermenéutica y pedagogía
Ahora bien, si se observa detenidamente el esquema de ambas obras, se confirmará que es idéntico: Miró utilizó el mismo proyecto para situar las figuras y los contenidos de su obra con respecto a la de Sorgh. Esto nos proporciona, con referencia a nuestros fines de subrayar la pertinencia de la interdisciplinariedad en el fenómeno educativo, una muestra de cómo un mismo “objeto”, puede construir diversas realidades, subjetividades en perspectiva; es decir, la misma realidad estudiada por Sorgh, con todo su tesoro de datos y referencias accesibles a ser enseñadas, tiene una traducción en la visión del mundo particular de Miró. Una lectura diferente de las cosas. La variación particular de ambos cuadros, puede brindar a los alumnos claves para comprender el modo de entender el mundo en los tiempos de Miró, sus angustias, sus obsesiones, sus concentraciones de sentido propias. Los alumnos pueden aprender más acerca de cierto tema, porque en su pluralización ha incrementado su riqueza hermenéutica: ahora expresa más, hay más mundo manifestado en el mundo.
Una valiosa alternativa
Este ejercicio nos puede obsequiar con varias ventajas muy provechosas, entre ellas el cultivar en los alumnos el gusto por las bellas artes, el interesarlos más en las materias impartidas al clarificar gráficamente sus informaciones, fomentar el diálogo e intercambio de puntos de vista con relación a los tópicos y materiales utilizados. Y por supuesto incentivar la progresiva formación cultural del profesor.