“Los jóvenes de hoy no leen”. ¿Cuántas veces, en tu labor docente, has escuchado –o dicho- esa frase? El docente y escritor francés Daniel Pennac se ha propuesto averiguar por qué. Y descubrió algunas claves para favorecer el hábito de la lectura.

Enseñar a leer
¡Debes leer!
Pennac, él mismo docente en ejercicio, descubre también lo mucho que les cuesta a los jóvenes el hábito de la lectura. La sufren. La padecen. Ha de ser, se dice, porque “el verbo leer no soporta el imperativo”. Desde el momento en que la lectura pierde su condición de placer, cuando el padre ocupado deja de leerle al niño, los chicos no encuentran en los libros más que motivos de frustración.
¿Cómo podemos los docentes ayudarlos a recuperar el gusto por la lectura? Pennac sostiene que lo primero y principal, es leyéndoles. Regalándoles una lectura en voz alta desinteresada, sin evaluarlos, sin cuestionarlos, sin interrumpir. Permitiendo que se dejen llevar por el hilo del relato y que recuperen, poco a poco, el placer del texto.
Derechos del lector
Es un error de los adultos –de la familia tanto como de la educación- el dictaminar la manera estricta en la que los niños y los adolescentes han de acercarse al libro. Pennac aboga por una desacralización de la lectura, que la hará de esta forma más cercana y accesible a los jóvenes lectores en potencia que hoy le tienen tanto miedo a los libros. Para ello, basta con garantizar estos diez “derechos imprescriptibles del lector”:
- El derecho a no leer (porque la lectura ha de ser un acto de libertad).
- El derecho a saltearse las páginas.
- El derecho a no terminar un libro.
- El derecho a releer (los niños disfrutan de la repetición, y no sólo los más pequeños).
- El derecho a leer cualquier cosa (incluso si no es la “gran novela” sino el best-seller de moda).
- El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual).
- El derecho a leer en cualquier lugar.
- El derecho a hojear (sin temor a enfrascarse en una lectura que decepcione).
- El derecho a leer en voz alta (como leen cuentos los padres a los niños pequeños).
- El derecho a callarnos (y no necesitar explicar, luego de cada lectura, “qué se ha entendido” o “qué se piensa de ella”)

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