Aún en sus primeras obras, Eugenio Trías demostró un perspicaz talante para sospechar de cada visión totalizadora, de cada tentativa de conocimiento, de cada filosofía; y utilizando métodos estructuralistas, posestructuralistas y hermenéuticos, desarrolló una estrategia de recuperación de los discursos marginados y paralelos a las concepciones ortodoxas de entender la realidad.
La educación y su sombra
Y de esta manera, Trías expuso en sus acertados análisis, un instinto muy acorde con al ámbito posmoderno y dialogal que nuestra actualidad demanda, y ofreció alternativas de pensamiento, de aprendizaje, donde todo parecía cerrado; y a la vez, concentró discursos abiertos, desperdiciados y marginales, en nociones aptas a la teoría y a la positiva construcción de saberes y conceptos.
La aventura del espíritu
Desde entonces, Eugenio Trías ha manifestado una profunda voluntad didáctica en cada una de sus cátedras, en cada nuevo volumen difundido de su muy bella propuesta de pensamiento, que nos ofrece la posibilidad de ahondar en nuestra experiencia de vida haciendo factible el conocer los ámbitos relegados de la cultura, que determinan en mucho el modo en el que nos pensamos como sujetos de algún saber determinado; formas de ser uno mismo insospechadas y rebosantes de posibilidades plurales y diferentes.
La aventura del espíritu podría erigirse como una denominación de su singular experiencia pedagógica y de reflexión: Trías nos enseña cómo llegar al límite de la concepción más honda del ser, y desde allí interrogar lo que es el mundo, desde lo que no es, en él, pero sí que podría ser en cada uno de nosotros. Hacer de cada espíritu un crisol de la realidad, ver en cada espíritu un umbral a la alteridad y el misterio, que revitalice, que religue las voces interrogantes del hombre con sus silencios.
Lo bello de conocer: lo siniestro
Porque el mejor maestro no es el que enseña más cosas; sino el que en cada oportunidad, hace que las cosas sean más de lo que enseñan; así Trías nos obsequia en su obra, con la perspectiva de asomarnos al lado nocturno del alma y contemplar desde allí, la ruta que traza la luz de la razón al bocetarlo todo, y la libertad de poder existir en mayor plenitud, al insistir en reinterpretar nuestra propia interioridad confrontando sus propios límites; inaugurando una razón medianera, consciente y responsable de lo siniestro de su luminosidad excesiva, y de lo bello de su limitación que alude hacia una callada trascendencia , que más allá de la lógica del límite, lo expresa todo.
