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Igualdad de género: el desafío del siglo XXI 1/2

Escrito por Virginia / 22 de septiembre de 2008

Las mujeres hemos recorrido un largo camino para llegar al siglo XXI; tal vez, mucho más largo que el recorrido por los hombres, porque el nuestro fue más sinuoso y tuvimos que sortear una gran cantidad de obstáculos y dificultades. A través de los siglos, hemos obtenido grandes logros; sin embargo, a pesar de haber demostrado ampliamente nuestras capacidades, las desigualdades persisten.

Aún quedan muchos pasos para alcanzar la igualdad plena

Aún quedan muchos pasos para alcanzar la igualdad plena

La igualdad entre mujeres y hombres constituye un principio jurídico universal reconocido en convenios internacionales. La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en diciembre de 1979 y ratificada por España en el año 1983, constituyó a la igualdad de género como un principio fundamental en la Unión Europea.

Sin embargo, a pesar de la aparente resolución del conflicto, es necesario que diversos organismos internacionales, entre los que podemos mencionar al Instituto Europeo de la Igualdad de Género, se ocupen de sensibilizar a la sociedad e incorporar la perspectiva de género en todas las políticas comunitarias y en las políticas nacionales.

En España, la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres establece y prohíbe de manera explícita cualquier tipo de discriminación ya sea directa o indirectamente, el acoso sexual, la discriminación por embarazo o la toma de represalias. También se ocupa por la integración de políticas de igualdad en el ámbito educativo o en el acceso a las Fuerzas Armadas.

Las barreras hacia la igualdad de oportunidades

Según un informe realizado por Accenture en 17 países, titulado “Un paso hacia 2011: nuevo horizonte para las mujeres profesionales en España”, el 25% de las trabajadoras españolas percibe su género como una barrera laboral, mientras que solo el 5% de los hombres consideran que su género dificulta la progresión profesional.

A la barrera del género hay que agregarle la edad: el segmento de mujeres comprendido entre 36 y 45 años representan la franja doblemente crítica. Aparentemente, las mejor posicionadas son las mujeres menores a 30 años, sin educación universitaria. Según un informe de la Fundación Adecco, ese es el perfil de las trabajadoras españolas, empleadas en el sector servicios y con jornada completa.

En cuanto a su formación, casi la mitad de las mujeres contratadas (46,35%) posee estudios elementales, un 30,56% cuenta con estudios secundarios y solo un 13,92% corresponde a aquellas con estudios universitarios (diplomadas y licenciadas). El grupo de empleadas con estudios de formación profesional (técnico medio y técnico superior) representa el 9,18% del total de contratadas.

Las empresas explican el fenómeno aduciendo que esta franja de mujeres “ofrece una mayor disponibilidad y se adapta mejor a las necesidades de cada sector profesional”. Las mayores de 30 presentan – por lo menos desde la visión de las empresas – dificultades para la inserción y el rendimiento laboral por las mayores posibilidades de embarazos y la obligación de compatibilizar el empleo con las responsabilidades familiares.

Segregación “vertical”

Si bien tradicionalmente existen sectores laborales ligados a la mujer, como la biblioteconomía, enfermería o docencia, la realidad muestra que es cada vez mayor el número de mujeres que acceden al mundo de las finanzas o al campo de la ingeniería.

Pero esta realidad social contrasta con lo que sucede realmente con los puestos de trabajo. Según un estudio realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) existe aún la denominada “segregación vertical”, con una mayoría de hombres ocupando los puestos jerárquicos, mientras que las mujeres permanecen en puestos menos estratégicos.

Las diferencias salariales

Uno de los aspectos en los que más se refleja la desigualdad entre géneros es el salario. Un estudio realizado por Manpower destaca que las mujeres ganan un 50% menos que los hombres en el sector privado español y un 10,7% en el sector público, lo que significa que el salario medio de la mujer en España es un 34,7% inferior al del hombre.

Las diferencias salariales se acentúan – siempre a favor de los hombres – en los empleos con jornadas laborales más cortas o que implican niveles educativos más bajos, entre los trabajadores con una mayor experiencia laboral y en las empresas con grandes cantidades de trabajadores empleados.

El responsable de este estudio y catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Josep Oliver, intenta justificar este fenómeno porque la presencia femenina predomina más en empresas con menor cantidad de trabajadores, donde la productividad es más baja y, como consecuencia, también los salarios.

También existen importantes diferencias salariales en los trabajadores con niveles educativos más bajos: el salario de la mujer está un 56% por debajo del salario del hombre. En niveles educativos más altos, este porcentaje disminuye, pero el hombre siempre se lleva la mejor parte.

Otro aspecto en el que se acrecienta la desigualdad salarial es el de la experiencia laboral. El salario de un hombre con 29 años de experiencia supera en un 73% al salario de una mujer con la misma antigüedad.

El experto anteriormente mencionado explica este fenómeno en el hecho que la mujer tiende a abandonar el mercado laboral entre los 35 y 40 años.

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