
La educación como catarsis
Vivir a medias
La experiencia del mundo que tienen las personas se halla siempre condicionada en gran medida por el valor que le damos a la percepción sensorial propia. Es un hábito hasta cierto punto lógico y comprensible. Pero hay que considerar en cuento a ello dos puntos de gran importancia. Primero, que nuestra perspectiva sensorial del mundo ha de ser forzosamente limitada: solo captamos una fracción ínfima de la vastedad inagotable del cosmos.
Segundo, que las nociones de la realidad que manejamos, aún siendo el resultado directo de la interacción con el medio natural, solo cobran sentido, y son inteligibles solo por eso, dentro de un marco cultural bien delimitado, y determinado por cuestiones tan variadas como la lingüística, la idiosincrasia o la particularidad geográfica. Esto quiere decir que la imagen del mundo que nos brindan los sentidos, aun en su empirismo evidente, también está influida por el entorno cultural en el que nos desenvolvemos.
Aprender es aprehender con pureza
Ahora bien, la educación es una vía para depurar la visión holística de las sensaciones propias. Es un ahondar en ese círculo hermenéutico en el que somos arrojados desde el instante mismo del nacer, a fin de explorar hasta que punto podemos explorar los sentidos diversos que entreveran la realidad. El aprendizaje es una vía catártica, que nos conduce a una plena liberación de los convencionalismos que constriñen nuestro experimentar lo real. Aprender es aprehender con más pureza el mundo.
Los temas abordados por el docente y la propia interpretación que éste hace de los mismos son herramientas caleidoscópicas de abstracciones y reflejos, que si bien no nos acercan en un solo sentido hacia la inmediatez de lo percibido- el corazón secreto del ser- si nos producen un vaivén entre pareceres y dimensiones de entendimiento, que desembocan en un vértigo metafísico sublime, en donde lo que es solo parece ser, porque solo existe en realidad lo aparencial, como una sublimación sin retorno directo, solo alusivo, hacia ese magma de enigmas en perpetua ebullición, que se extiende en el silencio, y que nos dice.