En los grandes momentos de crisis, como los que se viven actualmente en el mundo, la falta de un fundamento, de una referencia de sentido- cuyo agotamiento puede estar vinculado estrechamente con la emergencia de la mencionada circunstancia crítica histórica- se experimenta como una desorientación devastadora, en la que no se sabe qué alternativa, ni camino de pensamiento, poder tomar a fin de encontrar la luz que nos aleje hacía un porvenir más prometedor. La educación puede, y debe, constituirse en este faro de sensatez y opciones de esperanza, como veremos en lo que sigue.
Dante Alighieri, el gran poeta florentino, en el canto III de su Divina Comedia relata cómo, habiéndose internado en las regiones de ultratumba en busca de Beatriz y de su propia redención, apoyado por Virgilio, arriba al río infernal conocido como el Aqueronte. Allí han de cruzar esta corriente de sangre a bordo de la embarcación de Caronte, el barquero del averno. Cuando están en plena travesía, Dante se percata como numerosos condenados, que yacen sumergidos, tratan de alcanzarle y derribar la embarcación. Pronto, con el auxilio de Virgilio logra repelerlos, sin embargo la impresión en el autor de la Vida Nueva es tan grande que cae desmayado. Posiblemente Dante se identificó en grado sumo con aquellos infaustos sumergidos, que se atrevieron a ir más allá de sí.
La educación como esperanza
La representación de este episodio de la Divina Comedia ha sido abordado por numerosos pintores. Sin embargo es posible destacar la del artista francés Eugene Delacroix, “La Barca de Dante” que fue la primera de ellas y la más admirable de todas. En lugar de presentarnos a un Dante temeroso de su tenebroso e incierto destino, refugiándose en la sombra de Virgilio como un ser inerme, Delacroix nos muestra a un Dante decidido y valiente que asume el comando de la embarcación, de su propia trayectoria de cara al futuro, sin arredrarse ante el embate de las corrientes sanguinolentas y de los condenados feroces. Delacroix es un producto de una era diferente en la que Dante vivió: la educación transforma la imagen y el valor de sí que la humanidad tiene de su propia esencia. Y si el “Dante” medieval era un personaje tímido y sumergido en supersticiones y temores sin fundamento, el “Dante” de Delacroix, el personaje del poema de Alighieri, es un ser humano que acepta el desafío de su propia historia y lo lleva a cabo a través de lo mejor que puede ostentar: su educación, su inteligencia y su heredad cultural. Esto último nos lo deja ver el detalle de cómo Dante, en la obra de Delacroix, se apoya y al mismo tiempo protege a Virgilio, símbolo de la cultura y de las ciencias. En este doble gesto, de cuidar lo que tenemos para pensar y de apoyarnos en eso mismo para repensarnos: la educación, está la esperanza para superar cualquier crisis posible.
Tags: Arte, Cultura, Educación, Filosofía

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