Se habla mucho de las diferentes alternativas pedagógicas que pueden implementarse en la educación de hoy. Numerosas tendencias se exponen como las más revolucionarias para solventar las necesidades de aprendizaje que las sociedades actuales demandan. Y sin embargo, pocas de estas estrategias pueden tener resultados óptimos, si los estudiantes no cuentan con el talante adecuado para su más poderosa formación. ¿Cuál será el perfil más conveniente para ello? Ahondemos en ello, a continuación.
Una respuesta posible a la interrogante anterior la podríamos encontrar en el ideal arquitectónico manejado por el famoso creativo suizo, Charles Édouard Jeanneret-Gris, conocido como Le Corbusier. Para este célebre diseñador, un arquitecto cabal no puede dejar de ser, a la vez, constructor, escultor o pintor. Y si no tiene manera de pluralizar de este modo su actividad, le queda por lo menos el uso de su imaginación fecunda.
El arquitecto ideal se apoya continuamente, a juicio de Le Corbusier, en una profunda sensibilidad que le permite producir, con su trabajo, dicha y bienestar para los demás seres humanos. La clave de su labor estará en la combinación armónica y provechosa de materiales diversos. Sólo eso precisa, para generar la grandeza de lo sencillo. Este es el paradigma de la creación arquitectónica para Le Corbusier.
La arquitectura del educar
Todas estas consideraciones adquieren una doble valía si se les enmarca dentro de las problemáticas educativas. Los estudiantes comunes solo asisten a las escuelas para cumplir con ciertos trámites: se concentran en aprender acerca de cierto tema con el propósito de aprobar un examen, y luego así, pasar al siguiente tópico. Al final, tal persona solo adquiere una perspectiva fragmentada de la realidad, experimentada siempre como insuficiente, y para nada satisfactoria.
Pensando en los ideales de Le Corbusier con respecto a la arquitectura, la actitud espiritual que se precisa para los educandos es justamente la opuesta a la habitual: se necesita tener el alma abierta a las diferencias, a las incertidumbres a los cambios de paradigma, con el fin de reunirlo todo, lo más posible, dentro de la experiencia personal. Los estudiantes deben construir opciones para urbanizar el intelecto, abriendo nuevas vías para la investigación y los posibles aprovechamientos de la misma, para el bien de todos.
En última instancia, no existe mejor estudiante como aquel que- similar a la figura del arquitecto ideal de Le Corbusier- pueda ser capaz de cimentar su propia formación consciente y sensiblemente.
Tags: Arquitectura, Cultura, Educación, Filosofía
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