
María Zambrano ha sido una de las educadoras más relevantes del panorama español
Para Zambrano las sucesivas manifestaciones culturales de las diversas sociedades pueden ser leídas bajo esta tortuosa vinculación entre los seres humanos y lo que los trasciende. La educación no está al margen de esta circunstancia; muy por el contrario, en todo acto de instruirse puede ser percibido un anhelo de profundidad. Educarse es hacerse más humano, dentro de un ámbito inmenso, que no lo es.
La voz de Antígona
Voz de destierros y de marginalidades; voz de poesía y de delirios arrancados de las razones del alma, Zambrano elaboró, de entre todas sus magníficas obras, algunas destacadas inquisiciones, a medio camino entre el ensayo y la prosa poética más intensa, acerca de la menesterosa condición del existente, frente al inextricable absurdo que le circunda. La figura mitológica de Antígona fue su simbolización más lograda. La conjunción espiritual entre la autora de “Claros de bosque” y el mítico personaje que inmortalizó Sófocles y Eurípides, es uno de los acontecimientos más afortunados que la cultura hispana pudo habernos heredado.
Como sucedió con la sufriente pero digna hija de Edipo en su tumba sombría, la voz de Zambrano desborda por completo las luminosas tinieblas de la racionalidad cotidiana, para erigirse como un faro de sombras vitales que da cuenta del logos particular que orienta los eventos de los ínferos del alma. Su reflexión estuvo a la altura de un Heidegger, y su labor pedagógica dio como resultado una incalculable influencia en varios de los más importantes pensadores, cultivadores y académicos de las humanidades que instruyen a las generaciones contemporáneas.