Michel Foucault, a través de sus exhaustivos y agudos análisis sobre capitales nociones de la historia del pensamiento- por ejemplo, las ciencias humanas, la locura o la institución clínica- señaló cómo, la trayectoria intelectual de Occidente, no sigue una concatenación única y necesaria, sino que está manifestada a partir de diversos discursos orientados hacia ciertas epistemes o paradigmas de reflexión, que proporcionan concepciones del mundo esencialmente mudables y transitorias. El conocimiento científico, en sus discursos diagnosticadotes y positivos, es más que nada la manifestación de una perspectiva generalizada en determinado instante histórico, pero siempre emergente y variable.
La realidad humana como marea de poderes
Foucault, también filósofo, siguiendo los pasos de su maestro Nietzsche, evidenció los movimientos de poder que determinan la validez de los discursos que fundamentan las instituciones humanas; de tal suerte que toda organización social está erigida sobre una marea de volubles relaciones de fuerza, contingentes, imprecisas; y no sobre cimientos metafísicos indubitables, o sobre sempiternas trascendencias, o axiologías. Y así, podemos comprender como, si bien Arthur Schopenhauer descubrió al mundo como voluntad, y posteriormente Nietzsche como voluntad de poder. Por su parte, Foucault desenmascaró al poder como una incesante voluntad de mundos.
La problematización foucaultiana como método educativo
Para la pedagogía podría ser extremadamente valioso utilizar las metodologías de Foucault- que más bien son dispositivos teóricos-, como ya se hace en algunas de las más relevantes instituciones de educación universitaria- como la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México- porque más que posibilitar profesionales de las humanidades poseedores de una enciclopédica formación, lo que brinda la estrategia didáctica de Foucault, su afán por problematizar el presente, su cuestionamiento indeclinable de la realidad histórico cultural de cada ser, no es más que la construcción de libertad, el tomar conciencia, y posición a partir de ello, de que el mundo no tiene que ser pensado necesariamente de una sola manera, y que incluso el propio pensamiento se despliega sobre un horizonte de posibilidades, para diversificarse, prácticamente infinito.