Educación

Pedagogía de la imaginación poyética

Escrito por Ademir / 3 de marzo de 2009

Conviene revisar, continuamente, si es factible adecuar las estrategias pedagógicas más utilizadas, de acuerdo al ritmo en el que los acontecimientos sociales y las nuevas tecnologías lo demanden, a fin de satisfacer con eficacia la necesidad de desarrollo personal y vital de todos los alumnos. En este sentido, el método poyético, una de las alternativas de educación más libres y provechosas, tiene en la imaginación su mejor herramienta.

La imaginación es la base de la pedagogía poyética

La imaginación es la base de la pedagogía poyética

El método poyético utiliza a la imaginación como un medio imprescindible para trabajar en la formación de los estudiantes. La fuerza imaginativa de los niños y de los jóvenes genera imágenes, símbolos, y figuras de pensamiento novedosas, insospechadas y dotadas de una gran carga de conocimiento interior muy reveladora. Puede interpretarse esta capacidad mental como relacionada con una práctica de reproducir ciertas imágenes obtenidas por los órganos de los sentidos; o también, como una consecuencia de una labor rememorante, muy propia del espíritu humano.

Creadores de libre realidad

La imaginación creadora es la imaginación por antonomasia: es el don natural que poseen los seres humanos para combinar, representaciones, nociones, conceptos, ideas, imágenes y símbolos, entre otras posibilidades, para crear nuevas alternativas de realidad libre y fascinante. Este poder vital se hace patente en las creaciones culturales más significativas de las civilizaciones: en las actividades lúdicas de los niños, en los grandes relatos-míticos religiosos, en las elaboraciones artísticas, y en los desarrollos de la ciencia y de la tecnología.

Por una pedagogía poyética

De acuerdo a todo lo anteriormente referido, es evidente la gran valía que tiene la imaginación poyética en el desarrollo integral de los fenómenos educativos. Los escolares, al momento en el que se acercan, en una primera instancia, a los contenidos de las materias que estudian, precisan del empuje anímico e intelectual que solo la satisfacción de la sed de lo imaginario en su ser, puede brindarles.

Sin embargo, es necesario manejar metódicamente toda esa hambre de saber, que la imaginación propicia en el alma. De allí el papel preponderante, e insustituible del maestro, quien ha de compartir, propiciar y conducir la imaginación poyética de sus alumnos para obtener de los contenidos escolares el máximo provecho posible con referencia a la formación de los educandos. Coartar la imaginación de los estudiantes no solo atenta en contra de la esencia misma de la educación, puesto que no se requiere darle los medios espirituales de transformación personal, a quien no tiene anhelos por realizar; sino que además, limita las posibilidades de forjar, en un porvenir cercano, un mundo mejor para todos.

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