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Shakespeare, como pedagogo (I)

Escrito por Ademir / 18 de mayo de 2009

En numerosas naciones se tiende a promover planes de estudio fundamentados excesivamente en la productividad empresarial. Esta tendencia ha llevado, incluso, a cuestionar la pertinencia de continuar incluyendo las humanidades dentro de las materias abordadas por instituciones de educación media superior y universitaria. Ciertamente, es por demás alarmante esta tendencia a orientar la formación de las nuevas generaciones hacia un esquema de utilitarismo voraz y poco juicioso. En cierto pasaje escrito por el literato William Shakespeare, podemos encontrar una valiosa reflexión en torno a este problema pedagógico.

En la comedia de Shakespeare titulada “Trabajos de amor perdidos”, podemos hallar un interesante diálogo entre dos personajes protagonistas de esta pieza teatral, el Rey Fernando de Navarra, y Berowne, un integrante del sequito del monarca. En este fragmento se discute acerca del objetivo primordial de todo aprendizaje. Mientras que Berowne se pregunta cuál es la meta del estudio, el Rey le responde que es conocer lo que de otra manera sería ignorado.

El objetivo de la enseñanza

Sin embargo, a continuación Berowne señala que cierto abuso del estudio puede alejarnos de aquellos aspectos de la vida que la tornan interesante y atractiva de ser vivida. La abstracción de la teoría es una cortina de humo que nos separa de los detalles que hacen a la existencia digna de ser experimentada a plenitud.

Expresa Shakespeare a través de Berowne : “Todos los deleites son vanos; pero el más vano es aquel que, adquirido con pena, no rinde sino pena, como investigar penosamente sobre un libro, en busca de la luz de la verdad, mientras esta verdad, en el propio instante, ciega pérfidamente la vista de su libro.” Y también: “Poco han ganado nunca los estudiosos asiduos, salvo una ruin autoridad emanada de los libros de otros. Esos padrinos terrestres de las luces del cielo, que bautizan a cada estrella fija, no alcanzan más provecho de sus brillantes noches que los que se pasean sin conocer dichos astros.”

Aprender a vivir mejor

Todo proceso de enseñanza debe tener como objetivo primordial el proporcionar a los alumnos las herramientas de pensamiento más adecuadas para forjarse una vida intensa y llena de dicha, y no prepararlos para formar parte de un rol social específico, cual si fuesen engranes que se pulen para integrarse a un mecanismo inalterable y eterno.

Lo que Shakespeare trata de comunicarnos, tal vez se concentre en destacar que la luz de verdad que las teorías concentran no tiene sentido si no se fundamentan en un posible enfoque existencial de sus consecuencias. Esto no quiere decir que se apele a un metafísico-y por lo tanto superado- más allá de lo teórico, pero, a fin de no caer en posturas reaccionarias de idealismo insostenible, si que vale la pena abocarse al aprovechamiento de las teorías y conocimientos en un “más acá” es decir, una interioridad existencial, vivenciable, y re-ligante. Construir el mundo, a través de la experiencia humana común: mas allá de solo entender: comprender(nos)

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