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Escrito por Ademir / 19 Mayo 2009
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Shakespeare, como pedagogo (II)
La forma más sencilla de cambiar el mundo es alterando el modo en el que nos referimos a él. Sin embargo, si bien, esta acción conlleva una libertad hermenéutica que puede considerarse incluso como la esencia misma de lo humano, existe la denostable tendencia de manipular esta particularidad del hombre, para beneficio de algunos grupos, que ansían dominar y perdurar en el beneficio que les otorgan ciertas relaciones de poder. Veamos de qué manera lo llevan a cabo, y como en el estudio reflexivo de ciertos gigantes de las humanidades, como el gran William Shakespeare, podemos hallar una clave para combatir esta nociva tendencia pedagógica.

Tal es el caso de la manipulación que sufren miles de estudiantes por parte de autoridades educativas sin escrúpulos, ni valores morales, quienes polucionan la creatividad vital, y el talante de aprendizaje, noble y puro de las juventudes de nuestro tiempo, para lograr que se acerquen al mundo, que se desenvuelvan en él, de una manera materialista y apta para ser sometidos, por obra de los mecanismos de productividad del sistema.

El lenguaje de la compra-venta

Las nuevas generaciones aprenden en las escuelas a construir realidad, principalmente en base a ciertos términos escuetos y llanos, pragmáticos y vacios, que solo tiene la función de ser medios para obtener una basta utilidad. Las materias que se abordan en las aulas escolares no tiene otro fin sino el ver de qué manera pueden ser explotadas, o utilizadas, para mantener inalterable la situación social que beneficia solo a pocos.

Decir las cosas de otra manera, es decir más

Shakespeare nos muestra que, en lugar de hacer de cada palabra un simple medio, como se comentó anteriormente, por el contrario, se le debe valorar como un fin en sí misma. De esta manera se motiva una revalorización de la realidad vivenciable de los objetos, y además, el deseo de conservarlos para el bien de todos los participantes de la existencia. Por ejemplo, en la obra de Shakespeare titulada “Trabajos de amor perdidos” tenemos múltiples ejemplos de esta circunstancia liberadora:”El sol de oro no da un beso tan dulce a la rosa que refresca el rocío matinal, como tus ojos cuando sus frescos rayos tocan el rocío que en la noche humedece mis mejillas” y también “Eres tan superior a las demás que no hay pensamiento capaz de concebirlo ni lengua mortal que pueda contarlo”.

Si la escuela se concentrara más, en hacer que los educandos pudieran expresarse con una sensibilidad similar, se lograría una formación más valiosa, desde un punto de vista axiológico, que en última instancia es el que realmente se precisa en el existir. Cuidar cada palabra, es esculpir el pensamiento: recuperar detalles de vida que desde cualquier otro enfoque parcial y groseramente pragmático, se perderían sin remedio. Shakespeare como pedagogo, nos enseña que pensar las cosas de otra manera, decirlas bellamente, es hacerlas valer más, y dedicarlas a la eternidad.

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