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Tecnologías del yo: el sentido de la biotecnología

Escrito por Ademir / 31 de agosto de 2009

Parafraseando el título de una excelente recopilación de textos del filósofo e historiador de la cultura Michel Foucault, trataremos de inquirir cuál es el sentido de las investigaciones contemporáneas referentes al campo de la biotecnología. Se trata de una estructuración teórica reciente, cuyo trasfondo intelectual bien podría ser identificado en ciertos rasgos de las cosmovisiones atávicas e incluso relacionado con la antigua noción del chamanismo. Lo que trataremos de resaltar es la trayectoria que ha seguido este derivado de la biología, en sus objetivos y su posible intencionalidad subyacente.

La biotecnología y la filosofía van de la mano

La biotecnología y la filosofía van de la mano

Pensando en la diferenciación que establece el pensador alemán Martin Heidegger con referencia a las tentativas metafísicas de la filosofía por acercarse a la esencia del mundo, que para él no han sido más que aproximaciones a los entes, pero nunca al ser mismo de lo real. Así, de esa misma manera, la biotecnología surgió de un inveterado deseo por dominar la naturaleza, en su particularidad más cara, su máxima cima: la vida, como tal.

Dominar la naturaleza

Manipular el desarrollo de un ser vivo de acuerdo a ciertos fines preestablecidos parecería una proeza científico tecnológica, sin embargo, aunque se ha avanzado grandemente en este sentido, a lo largo de los últimos dos siglos- basta ver los alcances actuales de la clonación- el hecho es que parecería que los afanes biotecnológicos solo han logrado arañar un tanto, el corazón profundo del ser: la ciencia humana aspira a algo más que la oveja Dolly, ante la perspectiva de hacerse con el secreto de la existencia humana.

Las tecnologías del yo, allende Foucault

Si se observa con detenimiento, los trabajos encaminados a la obtención del mapa genético del hombre evidencian que la biotecnología no es más que una prolongación del impulso griego demasiado griego, del conócete a ti mismo délfico, que guió a Sócrates, Platón, Aristóteles, y por ende a los derroteros posteriores de la cultura occidental. El control biotecnológico del mundo ha devenido una (en cierto sentido, derrido-foucaultiana) forma de deconstrucción de la subjetividad a lo empírico. Descartes vive en cada nueva investigación acerca del genoma humano.

Lo significativo de esta circunstancia es su paradojismo: si lo que se busca es mensurar y controlar las formas sucesivas de la vida de un ser, más que el aprovechamiento material de tal investigación, lo que se trasluce es un hambre de trascendencias que desborda el intelecto de los científicos. Porque en la medida en que lo que fundamenta la realidad, el sujeto de conocimiento, el yo, el cogito cartesiano, la conciencia propia, lo humano, pueda ser objeto de alteración, todo puede ser posible, por lo menos en teoría, y a lo más, hasta el infinito.

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