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Coaching de equipos: la enseñanza de los atletas profesionales

Escrito por Virginia / 27 de enero de 2009

El ámbito deportivo nos brinda muchos ejemplos de equipos de alto rendimiento que se han destacado por sus extraordinarios resultados en distintas competencias. Estas experiencias pueden brindarnos algunas lecciones útiles para la gestión de grupos de trabajo en organizaciones.

Podemos aprender del deporte ejemplos en la motivación del equipo de trabajo

Podemos aprender del deporte ejemplos en la motivación del equipo de trabajo

Un entrenador de un equipo deportivo de alto rendimiento necesita resultados. Por lo tanto, recurre a diferentes estrategias que le permitan alcanzarlos. Algunas de las estrategias más notables son:

Espíritu ganador: los entrenadores exitosos tienen un espíritu ganador y parte de su trabajo consiste en transmitir esta actitud al equipo, construyendo y potenciando el “espíritu de cuerpo”. El espíritu ganador se construye a partir de un pensamiento volcado al logro de metas positivas, poniendo la energía en la tarea sin buscar excusas para los fracasos.

Integrar las diferencias: si bien el entrenador buscará la formación del espíritu de cuerpo en el equipo, la realidad es que los miembros de ese equipo son individuos con diferentes personalidades. Para evitar conflictos que puedan afectar al rendimiento, un buen entrenador las deberá tener en cuenta y gestionarlas adecuadamente, fomentando el respeto, la apertura y la aceptación de las diferencias.

Cómo “entrenar” un equipo dentro de una empresa

Un coach de un equipo en una empresa es, en muchos aspectos, equivalente a un coach deportivo. En ambos casos, será necesario aplicar estrategias que permitan el desarrollo de talentos y capacidades, para obtener los mejores resultados.

Las competencias indispensables que requiere el líder / coach de equipos de alta performance son:

Agudizar la capacidad de observación: para detectar emociones y comportamientos que, a la mayoría, le pasan desapercibidos. Muchas veces, la atención a los aspectos “invisibles” puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso.

Valorar las relaciones interpersonales: un auténtico líder conoce la importancia de las “redes informales” de una organización, y aprende a gestionarlas y a influir sobre ellas.

Capacidad para prevenir conflictos: un buen coach es capaz de identificar conductas pueden generar conflictos entre los miembros del equipo y actúan antes de que se extienda el problema. Para ello, deberá entrenarse en disciplinas tales como la mediación, la psicología social, el counseling y el coaching.

Generar la actitud positiva hacia el cambio: no se puede lograr un cambio en las metas organizacionales si las personas involucradas no participan activamente de ese cambio. El líder deberá trabajar sobre su equipo para darle sentido al cambio, logrando que los miembros apoyen las nuevas iniciativas.

Medir los resultados: “lo que no se puede medir, no existe”, es una máxima generalizada en el ámbito de la gestión. Un líder debe tener la capacidad de cuantificar para poder evaluar efectivamente la distancia entre una situación inicial, los resultados esperados y los resultados obtenidos. Incluso, competencias que aparentemente no pueden cuantificarse, como la amabilidad o la empatía. Un auténtico coach debe contar entre sus herramientas con un Tablero de Comando para medir y gestionar con efectividad.

En síntesis

La forma en que se gestiona un equipo deportivo de alto rendimiento puede enseñarnos mucho sobre cómo motivar a un grupo de personas para lograr los mejores resultados.

Quienes tienen a su cargo un grupo humano (un coach, un líder, un profesor) deben ser, fundamentalmente, personas proactivas, exploradoras y creativas, que conocen que el camino hacia el liderazgo efectivo comienza por uno mismo.

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