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Educación y personalismo

Escrito por Ademir / 14 de diciembre de 2009

Las teorías de Manuel Mounier (1905-1950) son todo un desafío para las posturas de pensamiento radicales que oscilan entre un idealismo estéril y un materialismo obcecado. El personalismo de Mounier, por su parte, involucra ambas posturas en una perspectiva más sincera y sensata, que parte indefectiblemente de un compromiso social con un ímpetu tan grande que se torna trascendencia.

Educación y personalismo en nuestros días

Educación y personalismo en nuestros días

Precisamente en esta proyección orientada a lo social, que tiene como meta a la persona como tal, es en donde la educación tiene mucho que asimilar de esta filosofía combativa y noble.

Los pies sobre la tierra

El personalismo de Mounier parte de la constatación de la miseria del mundo actual, de una percepción concreta del desorden establecido. Hondamente crítica, la postura de Mounier identifica tres grandes problemas en el mundo humano: un primado de la ganancia y del lucro, producto de un capitalismo feroz e inflexible; un primado del capital, sobre el trabajo dedicado a obtenerlo; y finalmente, un primado de la producción sobre el consumo, lo cual no ha derivado más que en una mecanización de la experiencia humana y un anquilosamiento de toda sensibilidad religante hacia el prójimo.

Lo que Mounier propone para solventar esta dramática censurable circunstancia es rescatar al ser humano de su dependencia servil a la economía, es decir, liberarlo por medio de una economía personalista, al servicio de los seres humanos.

Una posible solución

Las auténticas necesidades humanas deben determinar las alternativas de producción y de consumo, y no a la inversa. Mounier establece la vigencia de concebir una ética de las necesidades, en donde la responsabilidad, la creatividad y la colaboración sean constantes permanentes y determinantes para reorientar los derroteros de la civilización.

Esa es la mejor vía para lograr una comunidad acorde con las necesidades del hombre, no fundamentada en una productividad ciega o en un sedentarizante confort, sino más bien en el desarrollo integral de una persona en el núcleo de una comunidad fraternal y abierta.

La educación y las personas

Desde esta óptica manejada por Mounier, la educación podría jugar en papel vital, puesto que si la persona, concepto capital de sus teorías, es concebida como un centro de reorientación del universo objetivo, la brújula que guíe esta toma de conciencia acerca del mundo y sus procesos y el lugar que le corresponde al pensante en él, debe ser la educación, en todas sus manifestaciones y a través de todos los medios posibles. La escuela puede ser el crisol de personas como tales, es decir, gestadora de individuos que asuman su propia valía como transformadores incansables del mundo.

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