Tecnología

Hay que olvidar para recordar (2/2)

Escrito por Manuel / 3 de octubre de 2008

Segundo y último artículo sobre el estudio de la Universidad de Colonia (Alemania) que arroja más luz sobre el funcionamiento de la memoria humana; uno de los temas más fascinantes del Hombre.

Los “patrones” cerebrales no se pueden descifrar a la rápida, en vista de que el cerebro de un adulto tiene una cantidad estimada de 100.000 millones de células. Su peso bordea los 1.400 gramos. En el caso de los recién nacidos, el peso equivale apenas al de 3 tabletas de chocolate: 300 gramos. Lo mismo ocurre cuando uno escucha sin prestar mucha atención. El cerebro ahorra donde puede. Por eso sucede, por ejemplo, que nos dirigimos directamente del trabajo a casa, olvidando que debíamos ir a recoger un paquete a otro sitio. En tal situación, actuamos automáticamente.

La memoria flash

Según el Dr. Kessler, “estas operaciones automáticas requieren muy poca atención, es decir, son parte de una rutina”. En cambio, cuando ocurre algo especial, se ponen en funcionamiento otras regiones del cerebro.

En la memoria de largo plazo está almacenada nuestra vida. Para que un recuerdo se instale allí debe haber causado un fuerte estímulo. Dicho en otros términos, las sustancias químicas y los haces eléctricos que se intercambian entre las neuronas deben alcanzar determinada intensidad. Aquello que provoca placer u otras sensaciones intensas causa estímulos especialmente fuertes en el cerebro. Cuál es el grado de intensidad necesario para grabar un recuerdo es algo que la ciencia aún no ha podido determinar.

Para la memoria es bueno… me olvidé que sigue

El tema de la memoria ya es algo habitual en el cine, la película de Gondry, Eternal Sunshine of the spotless mind o Memento de Christopher Nolan, la tienen en el centro de la escena por motivos diferentes. La primera habla de la necesidad de olvidar voluntariamente una relación amorosa, la otra de la memoria como estructura de la personalidad. Las preguntas sobre la memoria están allí, y las respuestas no aparecen, y si lo hacen, las olvidamos.

“No sabemos con exactitud cómo se almacenan las informaciones, de modo que tampoco sabemos con precisión cómo se produce el olvido”, apunta el especialista. Ése es un problema, ya que por ende tampoco se sabe con qué estímulos químicos y eléctricos se podría ayudar a la gente senil o a pacientes que sufren de demencia. Algunos científicos afirman que lo que olvidamos permanece en algún lugar del cerebro.

Otros opinan que lo olvidado primero se desvanece y luego desaparece. Ya sea que se trate de personas jóvenes o ancianas, lo mejor contra la pérdida de la memoria es alimentar el cerebro con gran cantidad de informaciones que puedan ligarse en contextos dotados de significado. “Mientras más sé, más fácil me resulta integrar nuevas informaciones en mi sistema de conocimiento”, asegura Kessler, puntualizando que “no se trata de cosas dispersas, sino que tienen sentido, porque sé mucho acerca de eso”.

Tags: , ,

No hay comentarios

No comments yet. ¿Quieres dejar un comentario?

Leave a comment