Tecnología

Hay que olvidar para recordar (1/2)

Escrito por Manuel / 3 de octubre de 2008

Determinados estudios de la Universidad de Colonia, Alemania, han logrado avances sobre el importante tema de la memoria humana. Algunas precisiones señalan que es necesario limpiar la memoria de ciertos recuerdos, porque como en cualquier otro espacio, lo nuevo necesita lugar.

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en una especie de encuesta antes de comenzar el nuevo milenio, había situado entre las primeras diez dudas más importantes de todas y cualesquiera de la ciencias humanas, cómo funciona la memoria. Es que saberlo es un tema importantísimo que podría ayudar a curar muchas enfermedades relacionadas con ese problema y luego a potenciar la memoria tal vez ampliándola mecánicamente como si se tratara de un cuento de ciencia ficción de Philiph K. Dick.

La ciencia muchas veces toma como modelo la naturaleza, se inspira en la tela de la araña para poder construir materiales más elásticos y resistentes, en la coraza de los escarabajos para mejorar la fuerza y dureza de aleaciones, o la luz que producen las luciérnagas para estudiar químicamente como reproducirla. En el caso de la memoria humana, la ciencia siempre está usando como metáfora de sus experimentos, algo que el mismo hombre ha creado, que es la memoria artificial del ordenador.

El disco duro como metáfora

“Poco espacio en disco C”, el disco duro indica full, lleno, a tope y debemos liberar algo de sitio para poder seguir trabajando. Con el cerebro humano pasa lo mismo, pero en vez de borrar la información se produce algo que conocemos como “olvido”. Algunos científicos afirman que el olvido es condición para que funcione la memoria. Para entender ese proceso, resulta necesario comprender cómo se transmiten las informaciones.

El asunto es complejo, indica el Dr. Josef Kessler, director de la sección de neuropsicología de la universidad de Colonia, quien lo explica así a grandes rasgos: “determinada señal llega a una célula. Allí se liberan sustancias químicas. Éstas establecen contacto con otras células. Entonces se produce un impulso eléctrico y las informaciones son transmitidas”.

También en la computadora las señales eléctricas se traducen en información. Pero no se puede decir que la computadora tiene un cerebro. Por lo pronto, eso se evidencia en la forma en que selecciona la información: la almacena ordenadamente en archivos. El cerebro opera de manera diferente. “En el cerebro humano no existen lugares en los que residen las palabras o se almacenan determinados acontecimientos”, afirma el Dr. Kessler, haciendo notar que “hay que imaginar redes, es decir, que muchas neuronas están interrelacionadas”.

Las neuronas intercambian información continuamente. Kessler lo explica así: “en esa actividad permanente de nuestro cerebro surgen determinados patrones. Es una especie de destello. Y ese destello representa determinado contenido de la memoria”.

La memoria absoluta

El escritor argentino Jorge Luis Borges, tiene un cuento que se llama Funes, el memorioso. En él, el personaje puede acordarse de todo, pero esto no lo vive como alguna especie de superhéroe puede disfrutar de sus poderes, sino que lo padece. Recordar todo es no poder estar recibiendo experiencia nueva, es seguir viviendo en los recuerdos.

Algo de esto explica Kessler: “El intercambio de informaciones es permanente, incluso cuando la persona duerme. Aun así, también el olvido está programado ya que, a lo largo de nuestra vida aprendemos también muchísimas cosas inútiles”. Y pone un ejemplo elocuente: “Cuando atravieso una calle, tengo 1000 impresiones. Si las registrara todas, mi capacidad de almacenamiento estaría copada en dos días”.

Los niños pequeños olvidan casi todo lo que les ha ocurrido antes de cumplir los 3 años de edad. Sin embargo, informaciones triviales también pueden ser de suma importancia durante cierto tiempo. Mientras se atraviesa la calle, hay que captar si viene o no un auto a la distancia. Con tal fin, nuestros órganos sensoriales, como los ojos y los oídos, registran informaciones y las almacenan durante algunos milisegundos. “Entonces se puede volver a filtrar esas informaciones, que se almacenan en la memoria inmediata, donde permanecen aproximadamente 18 o 20 segundos”, aclara el científico, agregando: “si no les prestamos atención, las volvemos a olvidar”.

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