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María Zambrano como educadora

Escrito por Ademir / 20 de febrero de 2009

España puede ufanarse de ser cuna de algunas de las mentes más brillantes que en el ámbito de la cultura y la intelectualidad han existido. Si ya con haber dado a luz al gran Cervantes, hubiese bastado para dejar con letras hispanas una impronta indeleble en la historia de las ideas; no obstante, además, varias otras personalidades que han influido en modo radical en los derroteros de Occidente han tenido igual a esta nación europea como su patria. La pensadora malagueña María Zambrano es un ejemplo de ello.

María Zambrano ha sido una de las educadoras más relevantes del panorama español

María Zambrano ha sido una de las educadoras más relevantes del panorama español

Zambrano, partiendo de las enseñanzas del admirable Ortega y Gasset, desarrolló una perspectiva entrañable y muy inspirada acerca del mundo y sus misterios. Precisamente, una de las motivaciones teóricas más importantes que la caracterizó a lo largo de toda su actividad reflexiva, tuvo que ver con la capital relación del hombre y lo divino.

Para Zambrano las sucesivas manifestaciones culturales de las diversas sociedades pueden ser leídas bajo esta tortuosa vinculación entre los seres humanos y lo que los trasciende. La educación no está al margen de esta circunstancia; muy por el contrario, en todo acto de instruirse puede ser percibido un anhelo de profundidad. Educarse es hacerse más humano, dentro de un ámbito inmenso, que no lo es.

La voz de Antígona

Voz de destierros y de marginalidades; voz de poesía y de delirios arrancados de las razones del alma, Zambrano elaboró, de entre todas sus magníficas obras, algunas destacadas inquisiciones, a medio camino entre el ensayo y la prosa poética más intensa, acerca de la menesterosa condición del existente, frente al inextricable absurdo que le circunda. La figura mitológica de Antígona fue su simbolización más lograda. La conjunción espiritual entre la autora de “Claros de bosque” y el mítico personaje que inmortalizó Sófocles y Eurípides, es uno de los acontecimientos más afortunados que la cultura hispana pudo habernos heredado.

Como sucedió con la sufriente pero digna hija de Edipo en su tumba sombría, la voz de Zambrano desborda por completo las luminosas tinieblas de la racionalidad cotidiana, para erigirse como un faro de sombras vitales que da cuenta del logos particular que orienta los eventos de los ínferos del alma. Su reflexión estuvo a la altura de un Heidegger, y su labor pedagógica dio como resultado una incalculable influencia en varios de los más importantes pensadores, cultivadores y académicos de las humanidades que instruyen a las generaciones contemporáneas.

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